EL HOTEL MIRAMAR, De humilde fonda a residencia de artistas

Mucho ha cambiado el Port de Port de Pollença en 100 años, y también el Hotel Miramar, eso sí, a día de hoy conserva su excelente trato y cariño al cliente. El Hotel Miramar está cargado de bellas historias escritas por sus propietarios, pero también por sus clientes que año tras año repiten su alojamiento y con ello, continúan escribiendo su historia. Los inicios del Hotel se remontan a principios del siglo XX. Como muchas otras familias, la familia Borrás Cerdà se dedicaba a la pesca, un duro trabajo para el que disponía de un llaüt. El Hotel Miramar dio alojamiento a los primeros turistas como Fernando Moragues quien pudo fotografiar la transformación de una casa de pescadores, utilizada como fonda-pensión en un moderno hotel. También los artistas frecuentaron el hotel, como Anglada Camarasa y su grupo hasta que se convirtió en residencia del pintor por una larga temporada. De hecho, algunos artistas argentinos como Tito Cittadini. Aníbal Nocetti, Roberto Ramsugé, Luis Cordiviola y el mexicano Roberto Montenegro, discípulos del maestro Anglada Camarasa, además de Gragorio López Nagil. Jorge Enciso, Adan Diehl, Juan Vives LLull, Rafel Duran-Camps volvieron a Mallorca y se instalaron en el Hotel Miramar mientras esperaban una vivienda permanente en la isla.
Hay varios testimonios que recuerdan del paso del gran Anglada Camarasa por el Hotel Miramar. Un gran ejemplo, es la viñeta que dedico el gran artista a los propietarios del Hotel diciendo:

“ Dos señoras preguntan a un hombre porque ha engordado tanto, a lo que él responde: En el Hotel Miramar. Hay que ver qué cocinero! Es un as!”

Otro de los documentas que se conserva es la dedicatoria de Anglada Camarasa en el libro de visitas del hotel:

“ Como testigo y primer cliente que fui de este hotel en su fundación, he podido constatar la tenacidad y el cariño en el trabajo que unido a vuestra reconocida empatía y trato, habéis sabido crear la reputación de : ¡ Magnífico!”

También cabe destacar el pintor mexicano Roberto Montenegro, famoso en todo el mundo por sus murales, vivió cuatro años en el Port de Pollença. Entre 1914 y 1919 Mallorca se convirtió en foco de atracción de pintores y escritores que, huyendo de los horrores de la Gran Guerra europea, buscaban el mito del paraíso perdido en una isla entonces plácida, que vivía feliz y estancada, como suspendida entre las rendijas de la historia. Muchos recalaron en el Port de Pollença y más concretamente en el Hotel Miramar. Un enclave que casi un siglo después, conserva gran parte del encanto que fascinó a hombres como Anglada Camarassa, Santiago Russinyol o Roberto Ramaugé, el mítico propierario de “Sa Fortaleza”. Entre este grupo de artistas bohemios que pensaron descubrir su ignota Itaca en una isla ensimismada, hay un gran desconocido. Un pintor cuya obra es testimonio mudo de los avatares de nuestra política, pero cuyo nombre es extraño fuera del círculo de los entendidos. Roberto Montenegro, fue en efecto, un nombre clave de aquella etapa de esplendor artístico y un tanto mundano, que dejaría su impronta en nuestra tierra tan a menudo olvidadiza con aquellos que, venidos de fuera, supieron amarla como propia.

Roberto Montenegro, pintor mexicano nacido en Guadalajara, llegó a Mallorca cuando tenía 27 años. El pintor llego pensando que sólo pasaría una corta temporada en la isla. En su viaje en barco hacia Mallorca escribió:
“ Amanecía y desde el barco pude ver la silueta de la ciudad de Palma, en donde sobresalía la catedral gótica y dos o tres grandes edificios envueltos en una neblina rosa…Apenas crucé la ciudad luminosa de Palma, tomé el trenecito que conducía a Pollensa y comenzó el miraje esplendente: campos sonrientes, bosques de almendros en flor con el fondo de cobalto del Mediterráneo, olivares de verde ceniciento y troncos atormentados: los caseríos blancos, tirados en la falda de las montañas doradas y todo bajo un cuelo azul, solamente comparable al de mi Guadalajara lejana…”
El caso, es que Montenegro quedó tan fascinado por los paisajes y el ambiente de l Port de Pollença que se quedó allí durante cuatro años que él mismo definió como los más bellos de mi vida” Fue en el Hotel Miramar donde entabló contacto con Anglda Camarsa, Tito Cittadini, López Naguil, Jorge Enciso y Adan Dhiel. Todos vivían fascinados por los idílicos paisajes del norte mallorquín instalados en cabañas de pescadores de la Cala Sant Vicenç. Habían encontrado, en palabras de Ortiz Gaitán:
“ un estado de pureza no contaminado y alejado del ambiente tumultuoso de Europa: una Edad de oro, una Arcadia promisoria lejos de los horrores de la guerra y la tiranía de la organización social”
Montenegro se hospedó durante mucho tiempo en el Hotel Miramar, que entones era el único establecimiento del Port de Pollença. Después de tanto tiempo, el vestíbulo del Hotel se ha convertido en una pequeña galería de arte en cuyas paredes, además de algunas obras de Montenegro, pueden admirarse oleos de Camarassa y otros pintores de la denominada “Escuela Pollensina”.

Anglada Camarasa

Es numerosa la bibliografía dedicada a Hermen Anglada-Camarasa. Cabe destacar los dos libros de Francesc Fontbona y Francesc Miralles Anglada-Camarasa (Polígrafa, Barcelona, 1981) y Anglada-Camarasa. Dibujos. Catálogo razonado (Mediterrània, Barcelona, 2006). Además, es remarcable el catálogo de la exposición permanente de Anglada-Camarasa en el CaixaForum de Palma titulado El món d’Anglada-Camarasa (Palma, 2006).

Sobre Tito Cittadini, cabe destacar sobre todo el libro de Catalina Cantarellas Assaig per a una recuperació crítica del pintor Tito Cittadini (1886-1960), editado por el Ayuntamiento de Palma y el Museu de Mallorca el 1983. También hay información valiosa en el libro de Francisca Lladó, Pintores argentinos en Mallorca (1900-1939), Palma (2006).
Sobre Joaquim Mir hay referencias en la Guia del Museu Nacional d’Art de Catalunya, coordinada por Montserrat Gumà, Barcelona (2004).

El paisaje de la Serra de Tramuntana no es sólo un activo turístico de Mallorca. También es una fuente privilegiada de inspiración artística –en la medida en la que el arte pueda ser fruto de la inspiración. Pintores de todas las nacionalidades se han instalado en los pueblos de la Serra de Tramuntana cautivados por su misterio y su belleza. Ya a principios del siglo XX diversos pintores modernistas catalanes se sintieron atraídos por el poderoso encanto de estos paisajes. Uno de los primeros fue Hermen Anglada-Camarasa (Barcelona, 1871- Port de Pollença, 1959), que fijó su residencia en Pollença a partir de 1914 en el Hotel Miramar, después de algunos años de trabajo intenso y éxito en París. Con Anglada-Camarasa vino también su discípulo aventajado, el pintor argentino Tito Cittadini (Buenos Aires, 1886- Pollença, 1960). Juntos crearon la llamada “Escola de Pollença”, grupo al que se añadió el pintor de Pollença Dionís Bennàssar (Pollença, 1904-1967).

Hermen Anglada-Camarasa conocía de su época de contactos con los pintores de Els Quatre Gats de Barcelona, a Santiago Rusiñol (Barcelona, 1861- Aranjuez, 1931) y a Joaquim Mir (Barcelona, 1873- 1940). Ambos habían viajado a Mallorca a finales del siglo XX y se habían fascinado con la Serra de Tramuntana. El primer viaje de Rusiñol a Mallorca fue en 1893. Desde aquel primer contacto, fueron frecuentes por sus estancias en la isla: Rusiñol, entre otros lugares, se alojó en Pollença, en la Cala de Sant Vicenç, en Valldemossa o en el barrio del Terreno en Palma. Joaquim Mir acompañó a Rusiñol en Mallorca en 1899 y e impactó tanto que decidió vivir en Sa Calobra hasta 1903, año en que sufrió una crisis nerviosa y se trasladó a un instituto psiquiátrico de Reus. En 1902 Rusiñol y Mir recibieron el encargo de decorar con unos plafones el edificio modernista del Gran Hotel de Palma, proyectado por el arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner. Como modelo de estos plafones se escogieron diferentes paisajes de la Serra de Tramuntana: vistas de Pollença, de la Cala de Sant Vicenç, del Castell del Rei, etc. La relación entre los dos pintores fue muy tensa, debido, sobre todo, al carácter difícil de Joaquim Mir, artista solitario, vehemente y arisco, que, de hecho, ya había tenido problemas un año antes con los habitantes de las cercanías de Sa Calobra, por rivalidades en relación con una mujer. Le quemaron un cuadro y tuvo que huir a la montaña, donde se escondió durante algunos días.
Anglada-Camarasa salía por los alrededores de Pollença para dibujar y fotografiar pequeños rincones, huertos, construcciones rústicas…
Con una estética personal pero influida por su maestro, Cittadini lideró junto con Anglada-Camarasa la Escola de de Pollença.

Escrit per Don Miquel Segura.

Esta web usa cookies propias y de terceros para garantizar la correcta navegacion y para obtener datos estadisticos del mismo. Si continua navegando consideraremos que acepta su uso. Si, por el contrario, no desea que se instalen cookies en su equipo, puede configurar el navegador según informa nuestra politica de cookies. + info

The cookie settings on this website are set to "allow cookies" to give you the best browsing experience possible. If you continue to use this website without changing your cookie settings or you click "Accept" below then you are consenting to this.

Close